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Orquesta de Las Joyas: Concierto en el Bosque

El domingo 14 de octubre fue un día excepcional: amaneció lloviendo… dieron las nueve y no bajaba su intensidad. Lo que Tláloc disponga y a ver de a cómo nos toca. A las 10:30 aparecieron los ocho autobuses con la cartulina de AUGE ac y su número rojo en el parabrisas saliendo de la curva del camino de Guanajuato. La lluvia había cesado.

Los fines de semana de octubre y noviembre son multitudinarios por que se avecinan las fiestas de Cristo Rey. Llegan a subir decenas de autobuses de peregrinos de todos lados. El dia anterior subieron 65 autobuses con alumnos de La Salle, que se sumaron a las decenas que ya estaban del estado de México, principalmente.

Se hace una verdadera saturación ante los estrechos caminos, las imprudencias de los operadores (que todos quieren llegar a la punta del Cerro) lo que puede congelar el tráfico por horas, por lo que se previó un Plan “B” o subplanes emergentes. El plan “B” era moverse a la Ermita y hacer la misa en la capilla del Seminario (si se hacía imposible subir). No se hizo el plan “B”, se optó por un plan emergente haciendo bajar a todos los pasajeros unos doscientos metros antes del santuario y caminar hasta arriba.

Así se llevó a cabo la Misa de once, mientras los autobuses terminaron de subir vacios, darse la vuelta y bajar a estacionarse hasta la explanada de Semana Santa.

Mientras, el equipo operativo (los maestros de música) esperaba las llaves para el acceso al lugar del concierto con la camioneta de redilas llena de instrumentos y sillas plegables.

Mientras se desarrollaba la misa en el Santuario Mayor, había que armar el escenario para el concierto, lo que tratamos de hacer temprano pero la lluvia no nos dejó. Incluso en algunos momentos se consideró suspender el concierto.

La lenta movilidad de la gente para descender a los autobuses por la escalinata de más de 200 peldaños de piedra, nos dió tiempo para acomodar sillas, atriles e instrumentos. El concierto estaba programado a la una de la tarde. Empezaron a llegar decenas de vehículos, que acomodamos en la explanadita de Las Dormidas, sin embargo, pese a que tratamos de mentener el espacio reservado para los autobuses, se salió de control y cuando arribaron al acceso a la cabaña fue un conflicto acomodarlos para el descenso del pasaje y que no invadieran el camino. En un abrir y cerrar de ojos ya estaban esperando casi trescientas personas el concierto.

La orquesta se alistó y afinó dentro de la cabaña. En su momento salieron caminando en fila india rumbo a la rotonda de la Esperanza. Como todos unos profesionales, llegaron, ocuparon su lugar en la formación clásica de una sinfónica y el director tomó la palabra. Agradeció y presentó la primera obra. Se hizo el silencio y las cuerdas con los alientos conenzaron a sonar…
No dejó de sorprender tanto la falta de costumbre de la gente por un concierto de este tipo, como los que sorprendidos se quedaron mudos y guardaron un silencio permanente. Interpretaron obras de Serguei Prokofiev, Jean Sibelius, Edvard Grieg, Silvestre Revueltas y… Pink Floyd.

Es de destacar que la Orquesta está formada por jóvenes entre 8 y 18 años de edad, todos aprendices de su instrumento. No es una orquesta profesional y su sonido no es “perfecto”. Sin embargo verlos y oír el esfuerzo que hacen y lo que logran es sorprendente.

Pasaron las dos y media y la gente pidió un par de piezas de colofón… Una vez terminado el concierto, mientras la gente se desplazaba para comer en la explanada de la Cabaña, los músicos de corazón nos quedamos improvizando al son del saxofón, clarinete y percusiones.

Después de la comida, ante la amenaza de la presencia de los espíritus de Tláloc, la gente empezó la retirada.

A las cinco de la tarde ya no había ni un alma. En el sitio reinó el silencio y entre lejanos truenos se volvieron a destacar los sonidos del viento, de los árboles y de los animales del Bosque.